¿Qué creemos?
La Biblia es la Palabra de Dios, inspirada y perfecta.
Es nuestra guía suprema en toda doctrina y conducta, revelándonos quién es Dios y cómo podemos tener una relación con Él (2 Timoteo 3:16; Juan 17:17).
Creemos en un único Dios vivo y verdadero,
Quien es perfecto en sabiduría, justicia, amor y poder. Este Dios existe eternamente en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Aunque son tres personas distintas, son co-iguales y co-eternas, actuando juntas en la creación, la providencia y la redención.
El Padre: Es el creador soberano del cielo y la tierra.
Él reina con cuidado sobre toda la creación y la historia, escuchando y respondiendo nuestras oraciones. Fue Él quien, por amor, inició el plan de salvación al enviar a su Hijo, Jesús, para redimir a la humanidad. Además, el Padre es cercano y se convierte en Padre de aquellos que reciben a Jesús como su Salvador personal, otorgándoles una relación familiar con Él (1 Crónicas 29:11-13; Juan 3:16; 1 Juan 4:9-10).
El Hijo, Jesucristo: Creemos que Jesucristo es completamente Dios y completamente hombre. Nació de la Virgen María, concebido por el Espíritu Santo, y vivió una vida sin pecado. A través de sus enseñanzas, milagros y vida perfecta, reveló a Dios al mundo. Su muerte en la cruz fue un sacrificio expiatorio por nuestros pecados, y su resurrección asegura la victoria sobre la muerte. Después de su resurrección, ascendió al cielo, donde ahora reina sobre toda la creación. Jesús es nuestro intercesor ante el Padre y promete regresar para llevar a su iglesia a la eternidad con Él (Juan 1:14; Hebreos 4:15; 1 Corintios 15:3-4; Filipenses 2:5-11).
El Espíritu Santo: El Espíritu Santo es la presencia activa de Dios en el mundo y en el corazón de los creyentes. Inspiró a los autores de las Escrituras y sigue hablando a través de ellas hoy. El Espíritu Santo convence al mundo de pecado, justicia y juicio, llevando a las personas a Cristo. Cuando una persona pone su fe en Jesús, el Espíritu Santo viene a habitar en ella, bautizándola espiritualmente y dotándola de dones para servir en la iglesia y la sociedad. También nos fortalece, guía y produce en nosotros el fruto del carácter de Cristo (2 Pedro 1:21; Juan 16:7-11; Gálatas 5:22-23).
La salvación es un regalo gratuito que Dios ofrece a todos. A través del arrepentimiento y la fe en Jesucristo, podemos ser liberados del pecado y tener una relación personal con Él. Es el Espíritu Santo quien nos transforma y nos hace crecer en la fe (Efesios 2:8-9; 2 Pedro 3:18).
La iglesia es el cuerpo de Cristo, formada por todos los que creen en Él. Somos llamados a bautizarnos como una expresión de nuestra fe y a ser parte de una comunidad local para crecer, servir y proclamar el Evangelio juntos (Efesios 1:22-23; Hechos 2:41-42).
Las ordenanzas de la iglesia son el bautismo y la Cena del Señor. El bautismo simboliza nuestra unión con Cristo en su muerte y resurrección, y la Cena del Señor nos recuerda su sacrificio por nosotros hasta que Él regrese (Mateo 28:18-20; 1 Corintios 11:23-26).
La libertad religiosa es un derecho que Dios otorga a todos. Creemos que cada persona es responsable ante Dios por sus creencias y acciones, y que la iglesia y el estado deben mantenerse separados (Génesis 1:27; Romanos 8:21).
La familia es fundamental para la sociedad. Creemos que el matrimonio, según la Biblia, es un pacto entre un hombre y una mujer, y trabajamos para preservar la integridad de esta creencia y estabilidad de la familia.
El regreso de Cristo es nuestra esperanza. Jesucristo volverá de manera personal y visible, juzgará a toda la humanidad y establecerá un nuevo cielo y una nueva tierra, donde los creyentes vivirán con Él para siempre.
Una iglesia viva, con propósito eterno.
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